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Educación

Acrílico vs Gel

Ninguno es mejor en abstracto: depende de tu uña, tu trabajo y el mantenimiento.

Por Elena Gómez

Acrílico y gel resuelven cosas distintas, aunque en la foto final puedan parecerse. El acrílico, mezcla de polvo y líquido, se esculpe y al secar queda rígido. El gel se trabaja en una textura más viscosa y se endurece con luz. Elegir entre los dos sin hablar de tu rutina es elegir a ciegas.

El acrílico suele convenir cuando la uña natural es muy flexible o cuando las manos trabajan mucho: llaves, cajas, limpieza, instrumentos. Su dureza aguanta golpes que doblarían un gel fino. A cambio, si se golpea mal, puede partirse de forma más seca, y la retirada pide más cuidado para no adelgazar la lámina.

El gel se siente más cercano a la uña propia. Brilla con facilidad, se mueve un poco con la lámina y suele verse más delgado. Es una buena opción si buscas un largo moderado y un acabado que parezca continuo. No es indestructible: un gel demasiado fino en una uña débil se levanta en el borde a los pocos días.

El mantenimiento decide tanto como el material. Tanto el acrílico como el gel necesitan una cita de relleno antes de que el crecimiento deje un hueco grande junto a la cutícula. Ese hueco es donde entra el agua y donde el producto empieza a soltarse. Esperar a que se caiga solo es la forma más segura de lastimar la uña natural.

Pregunta también por el olor, el tiempo de la cita y cómo se retira en ese salón. Si no toleras el líquido del acrílico, el gel puede ser más cómodo. Si tu trabajo exige dureza, el acrílico bien aplicado sigue teniendo sentido. La mejor elección es la que puedes mantener sin pelearte con tus manos cada mañana.

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